sábado, 8 de diciembre de 2012

Palacios-museo de Madrid

Si se tienen en las sensaciones que producen las visitas a sus casas se podría concluir que Sorolla fue un gran artista, Galiano fue un gran coleccionista y el marqués de Cerralbo era un comprador compulsivo con no muy buen gusto. 
Sin embargo, el ambiente sobrecargado del palacio del marqués es el que más sorprende y su visita es altamente recomendable. La posibilidad de hacer fotografías sin flash se agradece ya que son muchos los rincones y los objetos que dan juego. Destacan el salón de baile, la escalera y el imponente mobiliario. 

Por su parte la casa de Joaquín Sorolla es un lugar íntimo, envidiable, pensado por el pintor como su espacio propio y mantiene su espíritu y su sensibilidad artística en cada espacio. Con solo disfrutar de sus jardines, la visita ya vale la pena. Para los amantes de la pintura, y en especial para los admiradores del artista valenciano, es una cita ineludible y repetible. Se llevarán recuerdos y fotografías de alto valor sentimental.


La vivienda de José Lázaro Galdiano por su parte, se ha transformado en un clásico museo de vitrinas poco iluminadas y espacios acondicionados para la exposición de numerosos objetos. Muchos son valiosos y preciosos pero la experiencia para el visitante, y la prohibición de sacar fotos ayuda a ello, resulta poco emocionante. Los argentinos identificarán una pequeña figura entre los miles de objetos expuestos: la imagen de Bernardino Rivadavia, el de los cuadernos.