domingo, 15 de julio de 2012

El legado de los negros en la cultura argentina


La historia oficial de Argentina reduce la presencia de los negros a simples vendedores de mazamorra en los días de la Revolución de Mayo, allá por 1810.
Nada se dice de la vida y las costumbres del grupo que representaba entre el 30% y 50% de la población. Sin embargo, a partir de la crisis económica y social que azotó al país a finales de 2001, la sociedad argentina ha comenzado a buscar sus raíces, a mirar a atrás, a valorar lo propio. Este movimiento de autoconocimiento no pudo pasar por alto la influencia en la cultura argentina que han desempeñado los africanos y sus descendientes.
Tal vez no tan evidente como en Brasil o Cuba, pero nuestros antepasados africanos han dejado su huella en muchos ámbitos de la cultura, por ejemplo en la música. Si los ritmos africanos, como el candombe, casi desaparecieron, sus influencias han modelado un ritmo tan argentino como el tango. El negro aportó el ritmo de sus  tambores y la coreografía de la pareja separada a músicas y bailes,  que luego evolucionarían hasta el tango tal como hoy lo conocemos. Inclusive etimológicamente, muchos consideran el origen africano de la palabra tango como el más probable.
Siguiendo con las palabras, las lenguas africanas han aportado mucho al vocabulario habitual de los argentinos. Candombe, matungo, dengue, mucama y quilombo son algunos ejemplos. En otros aspectos de la cultura popular como la culinaria, se puede destacar la aportación de las achuras, el mondongo, la mazamorra y el locro.
La presencia de afrodescendientes en la vida política y cultural también se mantuvo escondida. Parece probado que el primer presidente del país, Bernardino Rivadavia, era mulato. Lo más llamativo es descubrir que la abuela del prócer europeísta y racista Domingo F. Sarmiento era negra. Observando los rasgos faciales del ex presidente su origen parece evidente pero nunca se había mencionado.
 
Manteniendo los orígenes
Las asociaciones de caboverdianos, que representan a una colectividad que supera las 10.000 personas, siempre han sido las más activas a la hora de intentar mantener su identidad. Últimamente han aparecido otros grupos, tal como la Asociación Misibamba, que contribuyen a la difusión de la cultura con raíces africanas y al conocimiento del papel de los negros en la historia y la sociedad argentina. Desde hace una década se publica la revista Quilombo que difunde el arte y la cultura afro desde Argentina.


En los últimas décadas la influencia africana ha venido a través de otros lugares de América. El reggae, la capoeira, el candombe, y otras expresiones culturales  se han hecho populares en el país sudamericano y han colaborado a redescubrir las raíces afro de la propia cultura argentina.

domingo, 8 de julio de 2012

¿Qué fue de los negros de Argentina?


La población de origen africano en Argentina, descendiente de los esclavos de la época de la colonia, es a primera vista inexistente. Los pocos afroargentinos que se reconocen como tales son descendientes de inmigrantes caboverdianos que llegaron al país durante la primera mitad del siglo XX. En los últimos años, inmigrantes brasileños, dominicanos y africanos han hecho que ver personas negras por las calles ya no sea motivo de curiosidad.

Hay muchos factores de determinaron la desaparición de una población afrodescendiente que en la época de la independencia alcanzaba un tercio de la población en Buenos Aires y que superaba la mitad de los habitantes en algunas provincias del noroeste.

El primer factor que incidió en el declive fue la muerte en la guerra. Parece ser que durante la Guerra de Independencia fue muy importante el número de soldados negros: de los 2500 soldados negros que iniciaron el cruce de Los Andes regresaron con vida sólo 143. Las familias acomodadas enviaban a “sus negros” a defender a la patria, en lugar de exponer la vida de sus hijos. Hay que tener en cuenta que aunque la esclavitud fue abolida oficialmente en 1813, en la práctica las relaciones esclavistas tardaron décadas en extinguirse. Se puede añadir que la incorporación al ejército era una forma de escapar de las miserables condiciones de vida para muchos negros. Este factor es fundamental y muy pocas veces considerado porque la pobreza se tradujo en una alta mortalidad y en una muy baja natalidad. Según los nuevos estudios, durante décadas la fecundidad de las negras en Argentina fue bajísima, hecho raro entre los humildes. Esto lo explican argumentando que las mujeres negras no querían traer hijos al mundo en la penosa situación en que se encontraban.

Otra guerra y más muertes: la contienda que más vidas afroargentinas se cobró fue la fratricida guerra con el Paraguay (1865-1870). El ejército argentino en el frente estaba compuesto por batallones de negros que fueron diezmados durante la lucha.
l año de terminar la guerra, una gran epidemia de fiebre amarilla traída por los soldados que regresaban del Paraguay  se cebó con los más pobres de Buenos Aires, es decir, con los afrodescendientes. Anteriores epidemias de cólera y fiebre amarilla ya habían causado miles de muertes. Poco después, era común ver a los antiguos combatientes mutilados pidiendo limosna, mientras sus mujeres eran vendedoras ambulantes o lavanderas.
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Otro hecho clave fue la gran ola inmigratoria europea que recibió Buenos Aires a finales del siglo XIX y principios del XX. Los nuevos habitantes explicarían el declive de la población negra en la ciudad. Primero, porque estadísticamente se veía reducida y segundo, porque los inmigrantes, también pobres y sin los prejuicios raciales de los nativos, no tuvieron problema en formar familia con afrodescendientes. 
  
Todos estos hechos produjeron una reducción absoluta y relativa de los afroargentinos en la población y al mismo tiempo que los rasgos se fueran perdiendo debido a la gran mezcla entre inmigrantes y nativos. Igualmente, se calcula que hay cerca de dos millones de argentinos descendientes de africanos, aunque pocos de ellos son reconocidos o se reconocen como tales. 


Mientras que en muchos países de América los negros fueron obligados a ocupar el nivel inferior en la  escala social, en Argentina a mediados del siglo XX, los mestizos pobres que emigraron del interior del país a Buenos Aires conformaron esas capas populares. Desde entonces, el hecho de que no haya negros no es suficiente para que no existan los insultos racistas relacionados con los negros. Llamativamente los destinatarios de esos insultos, muy habituales en el ambiente futbolístico, son los mestizos. Por eso ser llamado de “negro” en Argentina generalmente implica una descalificación por tener rasgos indígenas y orígenes sociales humildes.