viernes, 4 de mayo de 2012

Una mala persona, un excelente empresario


La biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaccson es un interesante libro resultado de una buena mezcla de la vida personal y profesional de Jobs, y una buena dosis de administración de empresas e historia de la informática.
Walter Isaacson nos presenta un Jobs mentalmente inestable y maleducado; un jefe déspota, contradictorio pero que sabía vender y sacar lo mejor de su equipo; un pésimo padre y compañero, pero un empresario intuitivo, visionario, perfeccionista; un emprendedor, planificador y creador. En resumen, una mala persona pero un excelente empresario.

Jobs supo reunirse de los mejores y formar buenos equipos en empresas bien integradas con objetivos comunes. Valoraba la comunicación cara a cara sobre todo para el surgimiento de nuevas ideas. Sostenía que había que concentrarse en tres o cinco productos y hacer que fuesen geniales. Para ello había que involucrarse y poner la atención en los pequeños detalles. Supo asociarse con empresas (Microsoft, Disney, discográficas) que supuestamente eran corporaciones contrarias a su mentalidad empresarial.

El control absoluto del producto, propuesto por Job como integración del hardware y software para su mejor funcionamiento se traduce en la esclavitud del consumidor. Que el ipod no permita copiar los archivos a otro dispositivo con la excusa de que alguien comparta sus canciones con los amigos, muestra el perfil de los clientes que aceptan la disciplina de Apple y la ideología nada rebelde de Jobs.

La obsesión de Jobs por el control se hizo evidente que tenía fines económicos al impedir que los apps de los medios de comunicación incorporaran enlaces externos en el ipad.  La censura en el ipad quitó la careta a Apple y el apetito de control atrapó a los clientes de Apple en itunes.
Su obsesión por el diseño le impidió colocar un grabador de cedés en los primeros iMac porque prefería los estilizados reproductores de ranura a los clásicos de bandeja.

El éxito de Apple

El ordenador personal es  un artefacto que los consumidores usan en su espacio privado (hogar o estudio) y por ello no están dispuesto a pagar un importante sobreprecio: son productos que no pueden mostrar, no pueden presumir de ellos y fracasaron a pesar de las millonarias campañas de márketing.
En mi opinión, el éxito de Apple surge con sus artefactos portátiles (ipod, iphone, ipad) con sobreprecios de “solo” decenas o cientos de dólares lo que hizo posible que los consumidores estuviesen dispuestos a pagarlos para exhibirlos. Por esa misma razón son numerosos los fracasos de Apple: teléfonos táctiles de escritorio, Apple TV y otros dispositivos que no se pueden exhibir.

El libro tiene evidentes omisiones. Una es la obsolescencia programada de los productos de Apple. El caso más conocido de obsolescencia es la batería (que no se puede cambiar) de los ipod, diseñada originalmente para durar entre 8 y 12 meses. Isaacson también pasa por alto las limitaciones e incompatibilidad de los ordenadores de Apple y los problemas que sufría el usuario medio. Otra omisión es el proceso de deslocalización y tercerización de las fábricas de Apple, la sobreexplotación, las horrendas condiciones laborales y los suicidios de los que fabrican sus productos en China.

La pregunta final sería: si todo lo inventaba, diseñaba y lo mejoraba Jobs y lo fabricaban empresas externas, ¿para qué contaba Apple con 12.000 empleados?

“Cuando todos los demás estaban recortando presupuestos, decidimos que nosotros íbamos a invertir a lo largo de aquella etapa de depresión. Íbamos a gastar dinero en investigación y desarrollo y a inventar productos nuevos para que, cuando la recesión tecnológica llegara a su fin, estuviéramos por delante de la competencia.”
Steve Jobs

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